domingo, 31 de marzo de 2013

RECORDAR LAS VIRTUDES DE LOS NIÑOS

 ¿Reconocemos y promovemos el talento de nuestros niños?

 

l talento de un niño es su habilidad o capacidad para hacer algo que lo diferencia de los demás. Pero más que eso, puede ser la diferencia entre un buen desarrollo personal o una vida llena de frustraciones. Descubrirlo en cada uno de nuestros niños no es difícil, la clave está en la actitud que mostremos frente a ellos.


Cuando se les preguntó a un grupo de profesores cómo son sus alumnos, las respuestas más comunes fueron "es un niño inquieto", "es un niño tímido", o "siempre está distraído". Es más fácil que recordemos los defectos que las cualidades de nuestros alumnos y los niños que recordamos son pocos.
Recordar más los defectos que las virtudes sucede cuando nos acostumbramos a tener un rol fiscalizador en el aula. Es por eso que se notan más los errores y los talentos pasan desapercibidos.
El ejemplo del niño inquieto
Cuando vemos la forma en que un profesor organiza sus clases, en muchos casos estas son expositivas, es decir, con poca participación de los niños. Para un profesor así, un niño que siempre está haciendo preguntas es un niño inquieto, pues le interrumpe su clase.
Pero si ante este niño tenemos otra actitud más abierta y receptiva, veremos que lo que tomábamos como inquietud era en realidad su capacidad de asombro ante situaciones y objetos nuevos, un campo de exploración muy grande o una lucha contra el aburrimiento.
El niño inquieto es también una personita que nunca deja de acumular información, descubriendo diferentes usos para aquellos objetos y situaciones nuevas. Ir a la escuela para él es una aventura y no una rutina aburrida. Lo mismo se puede aplicar a cada una de las otras formas que tenemos de clasificar a nuestros alumnos.
Los niños sin etiqueta
Al etiquetar a unos pocos, sucede otro efecto negativo: ¿qué pasa con el resto? A aquellos que no son ni "tímidos", ni "inquietos", ni "el mejor de la clase", ¿los tomas en cuenta? Por esforzarnos tanto en "neutralizar" a los que tienen etiqueta mala y "gratificar" a los que no la tienen, nos olvidamos de aquellos a los que no percibimos.
Cuestión de actitud
Si bien mucho del problema se debe a situaciones que no podemos controlar, como el número de niños asignados a nuestras aulas por ejemplo, nos toca a nosotros cambiar de actitud para descubrir sus talentos.
Por ejemplo, si tomamos en cuenta los defectos que encontramos en nuestros alumnos, podemos descubrir que pueden ser expresiones de un talento oculto:
  • Terco: persistente, de mucha convicción.
  • Inquieto: dinámico, participativo.
  • Agresivo: vital, de mucha energía.
  • Distraído: explorador, curioso.
  • Tímido: prudente, cuateloso.
Pautas para ser receptivos a sus talentos
Hay varios recursos que puedes utilizar para reconocer el talento en cada uno de tus alumnos, empezando por conocerlos mejor a cada uno de ellos.
  • Cuenta a tus niños, mira sus rostros y preguntante: ¿quiénes son? ¿qué están haciendo? ¿cómo serán? Tómate unos días para hacerlo a conciencia.
  • No los recuerdes por su número de lista. Recuerda sus nombres y apodos familiares ( a mi me llaman...) Llámalo como a él le agrade más.
  • Premisa: "todos los niños tiene talentos". "El lento", "el inquieto", "el agresivo"...todos.
  • Actualiza talentos. Ten en cuenta que los talentos son dinámicos y temporales. Un talento puede aparecer y desaparecer en un niño para ser reemplazado por otro. Debes mantenerte actualizado para saber que estas estimulando el adecuado. Por ejemplo: un conversador se hará dibujante, por lo que preferirá estar solo en algún momento.
  • Recuerda esta consigna: "muchos talentos están disfrazados de defectos; muchos defectos y talentos vienen de la mano".
  • Decide qué propósito de apoyo tendrás con cada alumno. Por ejemplo: en un niño cuyo talento es la sociabilidad y cuya dificultad es el desorden, podrías buscar un acercamiento conversando, sin intentar ningún cambio al prinicipio.
  • Estamos atentos a los alumnos que nos agradan o que nos fastidian. No olvidemos a los demás.
  • No confundamos paciencia y buen trato con indiferencia. Los niños siempre necesitarán apoyo y guía. Si los dejamos solos se sentirán tan marginados como al ser reprendidos.





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